España sigue desaprovechando su gran potencial energético

Como ya sabéis, el sector energético español no necesita de fechas especiales como la de hoy, Día Mundial de la Energía, para dar de qué hablar. Desde el ya famoso impuesto al Sol, pasando por el oligopolio de las grandes compañías eléctricas, la pobreza energética o la polémica subida del precio de la luz durante la última ola de frío, nuestro sistema eléctrico es constantemente puesto en entredicho y son muchos los expertos que advierten que no vamos en la dirección correcta.

Uno de los últimos temas que más repercusión ha tenido ha sido la propuesta, por parte del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN, organismo que controla el funcionamiento de las centrales nucleares), de aumentar el tiempo de funcionamiento de las centrales nucleares españolas de manera que, una vez sobrepasen los 40 años, puedan estar operativas entre 10 y 20 años más.

Así pues, el CSN pide al Gobierno un cambio de normativa respecto a la revisión periódica de seguridad (RPS) necesaria para que una central nuclear pueda seguir funcionando. Hasta ahora, hacía falta una revisión al menos cada 10 años y, al superarse ésta, se daba a la central una prórroga de funcionamiento de, como máximo, 10 años. Con la nueva normativa se pretende desvincular la revisión periódica de la renovación de la autorización, con lo que el Gobierno podría dar permisos para explotar una central nuclear por más de 10 años sin que sea necesaria una RPS.

La primera central nuclear en querer aprovecharse de este cambio en la normativa ha sido la central nuclear de Santa María de Garoña, ubicada en Burgos. El CSN ha dado el visto bueno a su reapertura y Nuclenor, titular de la central nuclear de Garoña (formada por Iberdrola y Endesa), ha solicitado una renovación de la licencia por 17 años, pudiendo seguir hasta los 60 años de vida de la instalación. Cabe mencionar que esta central, que inició su actividad en el 1971 y que lleva cerrada desde finales de 2012, fue diseñada para estar operativa durante 40 años. La central de Garoña, en caso de ser reabierta, se posicionaría entre las diez centrales nucleares operativas más longevas del mundo. Datos de la World Nuclear Association (WNA) ponen de manifiesto que los reactores nucleares que tienen o superan la edad de Garoña son los menos productivos y los que sufren más incidencias técnicas.

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Central nuclear de Santa María de Garoña. Fuente: diariovasco.com

El Ministerio de Energía tiene seis meses para tomar una decisión sobre si reconectar o no la central de Garoña. Las formaciones ecologistas y todos los grupos parlamentarios salvo el Partido Popular (partido con muchos excargos políticos que hoy en día tienen un puesto en el sector energético) se han manifestado en contra de la decisión del CSN, alegando que las obras necesarias que se le exigen para cumplir los requisitos de seguridad aún no han sido llevadas a cabo y que se trata de una central peligrosa y  obsoleta, cuya aportación en el suministro eléctrico sería, además, de las más bajas de España en comparación con otras centrales nucleares de mayor capacidad. Además, su posible reapertura está causando preocupación y alarma social.

Este cambio en la normativa no alargará únicamente la vida de la central nuclear de Garoña, sino que también otras podrían beneficiarse (por ejemplo Almaraz, en Cáceres, o Cofrentes en Valencia), prolongando así la dependencia del sector energético español de la energía nuclear y dificultando el proceso de transición hacia las energías renovables, al cual hay que recordar que España se ha comprometido con la ratificación del Acuerdo de París.

Por lo tanto, teniendo en cuenta el gran potencial de España para aprovechar sus recursos renovables como el Sol y el viento, ¿es realmente necesario alargar la actividad de las centrales nucleares españolas? El equipo de Ambientubers cree que no, sino todo lo contrario.

El cierre de las centrales nucleares haría que España dejase de necesitar uranio, disminuyendo la dependencia del exterior. También se reduciría el volumen de residuos radiactivos producidos (cuyo traslado a los cementerios nucleares franceses supone un gasto económico importante) y el riesgo por accidente nuclear disminuiría. Por lo tanto, para avanzar hacia un modelo energético limpio y seguro se deberían cerrar progresivamente las centrales nucleares (por no mencionar las centrales de energía fósil) e invertir en renovables. Para ello, hay que tomar medidas que permitan impulsar las energías limpias como, por ejemplo, fomentar el autoconsumo, pero también promover el ahorro de energía y la eficiencia energética.

Lamentablemente, desde 2011 la potencia eléctrica instalada procedente de fuentes renovables ha sido casi inexistente. Aunque esto demuestra que el sistema eléctrico tiene que cambiar de forma notable para permitir la transición hacia un modelo 100% renovable, también hay motivos para ser optimistas dado que, por ejemplo, los partidos de la oposición presentaron el pasado 25 de Enero en el Congreso de los Diputados la Propuesta de Ley para fomentar el autoconsumo eléctrico.